Zarela : una novela feminista

ZARELA 103 ·El ·nombre que acept.aba de Simón, era la é- gida protectora que la libraría del ineierto porv:emr. :.\Después de algunos meses Hermengarda ip.gre~aba a un convento. Los ayunos, las o- raciones i los martirios que infería a su debi- ' litad o organismo, fueron ineficaces para bo- rrar el recuerdo del ingrato, profundamente árra1g_ado en su corazónL Musitando una ple- gada, era el nombre de Simón que profano e . impertinente salía de sus labios; en las sal- modias era la acariciadora voz dt?l amado, la que iµdiscreta turbaba sus oidos.. Esta lucha ~nfm.Íca produjo en la religiosa profundos i s·e~io_s estragos, pareciendo después de. poco tieÍlipo un espectro, que bajo el hábito pas.ea - ba por el claustro su demencia. ¡Sjmón, Simón! -decía Hermengarda, a- r~oian~o fio~ecitas a la gran acequia que re- gab~ el vasto huerto del convento; - estas flo- res que se ván,. que son dichosas al salir de ~qui, . te dirán mis penas, ellas te repetirán que me es imposible olvidarte. Fuiste malo, ~erdad amigo mio,_pero- yo soy . buena, sigo ~iendo b~ena, contigo; te amo, te amo Si_- , mop ............ . · · I Hermengarda. dejando es01Jipar la últi- ma flor, que(1.aba con los _brazdS: caidos, las

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