Zarela : una novela feminista

98 LEONOR E. DE MjENÉNDEZ j.unto a ella, avizorando el misterioso decir c;le los amigos. Hasta ella llegaba clara i distinta la voz pausada del hermano i la sonora de Simón. Éste, presionado por el señor. Tassara, manifestóle sín muchos circunloquios su incli- nación por Soledad i el deseo de hacerla su esposa. Al escuchar ésto Hermengarda, a punto estuvo de exalar un grito de angustia, dela- tando con él su presencia Una gran laxitud invadió su ser, le zumbaban los oídos i por un instante creyó que su corazón suspendía su rítmico latido. Apoyada a la cerrada puerta i asida al picaporte, permaneció con los ojos muy a- biertos, diríase viendo el derrumbamiento de sus ilusiones, sintiendo en su dolorido cora- zón, uno a uno, los zaetazos del desengaño. De aquella inmovilidad, la sacaron las frases cordiales i entusiastas de de~pedida que entre ambos amigos se cruzaron. Una sonrisa de alucinada, diríase con- tracción de agonía, dibuj óse en los des- coloridos labios de la desdichada, i en tan- to que con tardo paso se alejaba, iba re- pitiendo con quedo i triste acento, cual ple- garia de réquiem, frases incoherentes i atro- pelladas.

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