Zarela : una novela feminista
e ARELA 97 No bien acabaron de cruzar los primeros saludos entre Hermengarda i su vúsitante, cuando apareció el señor Tassara andando pau:sadamente, diríase llevar sobre los hom- bros un gran peso. En pocos días había en- veJemdo uotablemente el infeliz: el cabello te- nía del · todo blanco i en cada arruga de su macilenta fi:;onomía, podían verse las doloro- sa8 meditaciones, las noches largas de peno- . . SO lnsomnlO. .Por avezado que Simón estuviese en el vicio, no dejó de experimentar piedad por a- quel padre herido en lo mas hondo del al- ma; por aquel hogar ultrajado en el que aca_ baba de cometerse un crímen, que, no obs- tante de ser peor que un homicidio, no ha- bía para él sanción ni ley: tolerado por u- na soeiedad progresista i civilizada, alardeaba su impunidad! Uon gran extrañeza de Hermengarda i Simón, el señor Tassara manifestó a éste el qeseo de hablarle a solas, suplicando a la vez a su hermana los dejara por algunos instan- tes. Hermengarda comprendió que algo tras- cendental para ella iba a ocurrir en aquella conversación i latiéndole apresuradamente el corazón, salió entornando tras sí una mam- para de comunicación, quedando anhelante
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