Zarela : una novela feminista

96 LEONOR E. DE MENÉNDEZ mas, ¿qué culpabilidad puedo· tener s1 mspi- ro tales pasiones? Si la dije alguna que o- tra bellaquería, fué porque ella se insinuaba, ¿a que hombre no le sabe a mieles verse col- mado de atenciones por una mnjer, aunque ésta no sea una Hebe que digamo ? * * * Ruperto, festejando su proeza amorosa entre risas, vituperios i licor, la dió a cono- cer a sus amigos, siendo Simón uno de los pruneros. Este, no deseando presenciar desa- zones, se abstuvo de ir algunos días a casa de la familia Tassara, llegando a ella cuan- do lo creyó oportuno. El padre de familia firme en el propó- sito de no aceptar mas visitas i deseando precaverse de una nueva de~gracia, quiso co- nocer las intenciones de Simón i el objeto - de sus asiduas visitas. Al traspasar el umbral del salón, Simón se dió cuenta d~l cambio operado en aqu~l hogar, por la desgracia abatido. Un am- biente de dolor i tristeza flotaba en él; no se escuchaban como en días mejores las ale- .gres i bulliciosas risas de las mucha0h~s, el parloteo alto i afectado de lá tia, ni las ar- moniosas cadencias del piano. Algo s1u1e::stro i lúgubre decían aquella quietud i silencio.

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