Zarela : una novela feminista

LEONOR E. DE MENÉNDEZ - ¡Ay hijo mio,! esta misma tristeza, es- te iwponente silencio; estas callejuelas sinuo- sas, estrechas i mal oliente~; estos teuhos de- rruidos, las viviendas oscuras, bajitas, antihi- giénicas; nuestras llamas, el frío intenso; las nevadas, el granizo, las hermosas tempesta- <;les con sus bellas iluminaciones de rayos i relámpagos en la negrura de los cielos i ese bronco e imponente bramar del tr~eno i la llu- via torrenciál descendiendo del firmamento cual magestuosa catarata. Toda, toda esta mezcla de grandeza i pequeñez, lo infinito tocando a lo finito, confundiéndose en el más bello de los consorcios; todo esto, hijo mío, extrañaba haciéndome morir de pena. No te afanes mas en sacarme de aquí, déjame dor- mir mi eterno sueño al lado de tu padre i de los míos; deja que sienta hasta los últimos ins- tantes de mi vida, el mujir del buey, el va- lido del cordero en este ,mi terruño, porque ellos tienen su tono ~enuino qu~ es su dis- tintivo de raza. Aquí la quena entre los ce- rros verduzcos, los nevados de albo mant~, bajo la brumá de este cielo siempre gris, tiene sus melodías, sus misteriosos encantos que los pierde en otras poblaciones, apaga- dos por la potente voz de la civilización. Deja que escuche sus melancólicos i arrulla- dores lamentos; qu·e ellos infiltrándose en mí

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