Zarela : una novela feminista
88 LEONOR E.DE MENÉNDEZ de la chica destruye aquello de lo que voso- tros tan ufanos hac3is alarde, creyendo que vuestra masa encefálica es mayor que la nues- tra. Que se eduque a la mujer, que se le dé una instrucción amplia, libre de preJmc1os i añejas preocupaciones i entonces tendreis razón de dar un justo fallo i someternos a vuestra amable fisga si os place. Ahora don Ildefonso, es prematuro el decir de ciertos sabios. -J á, já, já, bien mujer, no disputare- mos supremasias, eso sería meterse en hon- duras, dejemos a los sabios que con los mis- teriosos aparatos de que disponen, midan el femenil cerebro con el nuestro i hagan sus comparaciones í deducciones. a nosotros nos bastan fos heehos. Vol vamos al asunto que nos interesa: -Dime mujer, ¿quién te ha metido en la cabeza que para ser abogado SA estudia mucho? ¡Bah!, si así fuéra ¿crees tu que sal- drían de lal'i anlas abogadillos como langos- tas, que lo que hacen muchos es perjudicar al mundo entero i obstruir los trámites i ac: e-iones de la justícia? No mujer, se estudia i aprende, lo que buenamente se puede, lo demás son tretas. Déjale a Simón que es · tudie jurisprudencia i verás que con las el'i- c.asas dotes que posee, se lus arregla per-
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