La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOLI JACINTA.-¡ No ... no!... ¡Misericordia!... Su Mer""' ced, vuestro hermano me mandó. MARQUESA (Con profunda extrañeza).-¿ Mi her- mano? ¿A qué te mandó? JACINTA (Ahogada).-Soltadme, amita, y os lo d . , N d ' N d ' ' . 1re. . . j o pue o .... j o pue o mas. MARQUESA.-¿ Qué te mandó mi hermano? JACINTA.-Que os avisara que quería hablaros presto ... que tenía mucha prisa. MARQUESA.-¿ Y no supiste contestarle que te había prohibido que vinieras a mi cuarto, sin que te lla• me? J ACINTA.-Sí, mi amita, si se lo dije, pero me pe- gó, y dijo que Vuesa Excelencia también me castigaría, cuando supiera que no había querido avisarle porque era un asunto de mucha importancia para ~i amita ... MARQUESA.-¿ Y está esperando mi hermano? JACINTA.-Sí, mi ami ta. MARQUESA.-Negra estúpida, debías haber co- menzado por decirme que mi hermano quería hablar conmigo ... . Presto, avisa a Ramona que venga a vestir- me, y di al señor conde que me espere un momento. JACINTA.-Sí, mi amita ... voy corriendo. * * * LOCUTOR: Mientras tanto, el general don Manuel Amat y Junient, se ocupa de los importantes asuntos d~l gobier- no del Virreynato ... MALDONADO.-Cuando plazca a Vuestra Exce- lencia. VIRREY.-Puedes comenzar Maldonado. MALDONADO.-Se ha recibido otro l\1emorial de los indios de J uli, quejándose de las 'extorsiones de que
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