La Perricholi, t. 1

MAR 1 A A L VA·R A o ó . R I V E R Á MICAELA..-Sí. VIRREY.-¿ Cuándo? MI.CAELA.·-Pasado mañana. VIRREY.-Pensad que nadie os amará como yo, Micaela. Quedad con Dios. ·· MICAELA.-¡ Que El os acompañe!· (PASOS DEL VIRREY OUE SE ALEJA). • • • • TERESA..-¿Por dónde estabas, hijita? Los ami- gos te reclaman. MICAELA.-Conversaba con el mar.qués de Villa- iblanca:, que me ha dado un disgusto muy grande. TERESA.-Ese marqués es una espina que traigo atravesada en la garganta. Debes desengañarlo de una vez. MICAELA.-Ya lo he hecho: pero es tan soberbio que no comprende que yo lo rechace. TERESA.-¡ Bendito sea Dios, que siempre tenga una que sufrir humillaciones de estos señores! MICAELA.-Sí, ya estoy cansada de sus insolen- tes pretensiones y es preciso que me haga respetar por ellos. TERESA.-¿ Qué piensas hacer? MICAELA.-No lo sé todavía; pero no quiero su· frir más sus insultos. Vamos al comedor, mamita. TERESA.-Sí, vamos: todos te redaman. * * .. VOZ PRIMERA.-Cayó del cielo una estrella. VOZ SEGUNDA.-¡ Viva la santa! VOZ TERCERA.-Debemos imponerle una pena porque nos abandonó. VARIAS VOCES.-Sí, una pena por ingrata. · DON FRANCISCO.-No, sefíoi-es, ¿cómo vamos a .·

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