La Perricholi, t. 1

46 MARI A J . AL VA R A ' D O RIVERA MICAELA.-¡ Señor! VIRREY.-No quisistéis contestar a Maldonado, y a fe que tenéis discernimiento: las cosas del corazón no se arreglan por otras personas, sino clirectamente: con· testadme. MICAELA·.-¿Qué he de contestaros, Excelentísi- mo señor? · · VIRREY.-Lo que os diga vuestro corazón. ¿Po~ drá quererme un poquito? · MICAELA.-Perdonad, s.eñor, estoy aturdida... · Os tengo de pie: ... Tomad asiento. VIRREY (Muy , galante) .-Sentaos vos en este si- llón. Yo acá. Decid ... M.ICAELA.-La calumnia que destroza mi honra habrá llegado hasta Vuestra Excelencia, porque en la vir- tud de la mujer de teatro nadie cree ... VIRREY.-No os atormentéis por eso, pues no os pido ni pediré cuenta de vuestra vida. · .MICAELA (Con dolor).-Vuestras palabras me re- velan, por lo mismo que son generosas, que habéis creído en las murmuraciones. Empero no son ciertas, señor; han sido hijas de la venganza de los que he rechazado. VIRREY.·- Os creo; sois tan hermosa que debéis ten.er con los sesos trastornados a cuantos os miran. MICAELA.-Sois muy fino galán, Excelentísimo señor, .. Yo quiero que os convenzáis de que he sido ca• · lumniada. · VIRREY.-Bendigo .a Dios ·que así sea, pues será mayor mi dicha si escucháis mis palabras. '. MICAELA.-Os quería decir esto, señor: s'ois gran- de y póderoso y me honráis con vuestra predilección. Pero la: honra' y el corazón de una mujer, por pobre y ple- beya qüe sea, también valen mucho. ¿Verdad, señor? VIRREY.-Así es. . MICAELA.-Y temo, perdón señor, que sólo O&

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