La Perricholi, t. 1

LA PERRICHOLI 17 que siguiera una carrera gloriosa, que alcanzaría la lu- na ... , el sol. .. , las estrellas ... MAZA.-Todo eso le he dicho, Miquita, empero do- ña Teresa no cede: se encastilla en que es carrera de per- dición. MICAELA.-Entonces, si no me hacéis cómica, no vengáis más ... ni a darme serenatas ni a visitar mi casa. Preludio de guitarra.- ¿Escucháis? Es uno de los con- desitos que llegan a cantar a mi ventana ... No quiero perder más el tiempo con vos, que sólo pretendéis bur- laros de mí. . . ¡Idos! MAZA.-¡ No seas cruel, Miquita, yo te quiero! MICAELA.-¡ Mentira! No quiero oiros más. Si me quisieráis un poquito seríais complaciente. MAZA.-¿ Qué puedo hacer para probarte mi pa.. sión? MICAELA.-Hacedme cómica. MAZA.-¡ Te juro Pº!: esta cruz que lo serás! (SUENA UN BESO). ·MICAELA.-¿Verdad? ¿No me engañáis? MAZA.-No, por los clavos . del Crucificado, ~e lo juro. Pero entonces ... ¿me querrás? MICAELA.-Entonces sí; empero, si no cumplís. os odiaré toda la vida. · MAZA.-Dame tus manos; quiero besarlas. MICAELA.-¡ Qué interesado! ¿Queréis cobrar por _ adelantado? Pero ved que soy más generosa que vos. Tomadlas. -MAZA · G . ' ·A ' · t 1 .- 1 rac1as.. . . 1 s1. . . as1 .... (SUENAN MUCHOS BESOS). MICAELA.-¡ Basta ya!. .. ¡No; los brazos, no!. .. ¡ Guá ! ·¡Qué lisura! U na le da las manos, y él. . . ¡Idos... va a venir mi mamita ! ... ¡Idos! MAZA.-Sí, me voy; empero llevo una gran espe• ranza, ¿verdad? ¡U na gran esperanza!

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