La Perricholi, t. 1
·~ ~ ' r "' ., :-~ ~ ~ ~':- ~ ,• ~. ·~ -. • ~ 204 MARIA J. ALVARADO RIVERA DON FRANCISCO.-Ahora soy yo el que alaba vuestra discreción. MICAELA.-¿ Aprobáis, pues, mis deseos? DOLORES.-Clar6 que sí: haz tu gusto, prima. MICAELA.-Mi mayor gusto, mi loca pasión, ya sabéis que fué el teatro, y así, trabajando con Echarri co- mo empresarios, estaré siempre en mi centro. (Canta). Jamás el teatro trocaría por ninguna grandeza, pues siento que sin él presto moriría en la angustia de una gran tristeza. • • • LOCUTOR: Y un antiguo galán, y después enemigo feroz en mu- chos años, vuelve a postrarse a los pies de fa atractiva ac• triz. MARQUES.-Perdonad, doña Micaela, los agravios que os hice. Fueron hijos del despecho, de los celos, pues siempre os he amado. ' MICAELA.-Es inútil, marqués; no prosigáis. Lo que os dije el día que tuvisteis el atrevimiento de entrar a mi alcoba, os repito hoy: no volváis a cruzaros en mi camino. MARQUES.-¡ Tanto me odiáis todavía! MICAELA.-No; no os odio. MARQUES.-Entonces seguiré sufriendo ,vuestro desdén, en espera de que mi firmeza os convenz~ de la verdad de mi pasión, y ... arrepentimiento. MICAELA.-No os odio porque amo y soy amada, y cuando la vida está llena de amor, no se puede odiar a padie. ·
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