La Perricholi, t. 1
188 M Á R I Á J • A L V A R Á D o R I V E R A Alabado sea el augusto sacramento del altar, y por siglos infinitos ensalzada sea su deida_d. CORO.-Canta lo mismo. (SUENA LA CAMPANILLA ANUNCIANDO EL SANTISIMO). LOCUTOR: Y de regreso a su palacio, el marqués siente declinar su enérgica voluntad. · · MARQUES.-No sé en verdad, qué me pasa. MARQUESA.-¿ Por qué decís eso? MARQUES.-Tanto que he deseado este momen- to de la venganza... de entregar a la Perricholi infragan- ti, a la cólera del viejo, y ... MARQUESA (Violenta) .-¿ Y qué?... Continuad. MARQUES.-Y en el momento definitivo... MARQUESA.-¿ Qué? MARQUES.-Me volviera atrás. MARQUESA (Con rabioso asombro).-¿ Qué de- cís ? ¿ Estáis loco? MARQUES.-No, Mencía, no estoy loco: gozo de más cordura que nunca... Es un algo que no me explico... U na repugnancia grande a la delación... · ¡Hasta algo de indefinido temor!, MARQUESA (Ríe burlona).-¿ Y seríais capaz de dejaros vencer por una superstición? MARQUES.-Y vos, ¿no teméis por vuestro her- mano? MARQUESA.-Todo lo que hiciera el Virrey con- tra él, sería poca expiación para los males que me causó.
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