La Perricholi, t. 1

176 M A R I A J . A L V A R A D O R I V E R A enérgicamente ante el Virrey, del proyecto de llevar a su amada y a su hijo, en la carroza virreynal, al paseo del día de la Porciúncula. · VIRREY.-Pero Ilustrísima, ese es asunto mío en el que nadie tiene que intervenir. ARZOBISPO.-No, Excelencia, estáis equivocado. Perdonad: vuestra pasión os ciega. Sois el gobernante, el representante del Rey, nuestro amo y señor, y por es- ta misma alta investidura que tenéis, debéis . guardar el más grande respeto al decoro, a la moral, a las costum• bres, a la religión. Si Vuestra Excelencia realizara su deseo,. inferiría un cruel desprecio a la nobleza. VIRREY.-No hay porqué tomarlo como tal. ARZOBISPO.-Así es, Excelencia, en verdad: un gran desprecio; un desafío, y os exponéis a que la noble- za ofendida, pida al Rey que os releve ... Y tal vez., hasta la precipitáis a . la rebeldía inmediata y os deponga. VIRREY.-Exageráis, Ilustrísima. ARZOBISPO.-No creáis, señor: los descontentos son muchos y poderosos. · VIRREY.-Bien; bien ... Veo que es preferible ser barbero que Virrey; el barbero manda en su casa y en su persona, y yo no mando ni en mi casa ni en mi persona. ARZOBISPO.-Sois dueño de proceder como vues- tra voluntad lo ordene; pero yo .os traigo el parecer de la nobleza, y su respetuoso ruego de que no deis motivo pa• ra que os rtiegue su obediencia. VIRREY.-Pues la nobleza cree que la ofendo,' y no tengo tal intención, no se hará lo que la nobleza toma a ultraje. Decídselo así, Ilustrísimo señor. ARZOBISPO.-Dios os ha iluminado, y permitido volver a dar pruebas de cordura y buen gobierno. * * *

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