La Perricholi, t. 1

LA PERRICHOLl VIRREY (Desesperado).-¡ Te llevaré en mi cale- sa!.. . Es lo que quería decirte ·y no me dejas hablar. MIQUITA (Calm4ndose).-¿ Me llevarás en tu ca- lesa, die.es , el día de la Porciúncula ? VIRREY.-.Sí: te llevaré en mi calesa y a Manueli... to también. MIQUITA.-¿ Verdad, Manuel? VIRREY.-Por mi honra. MIQUITA .(Mimosa).-¡ Mi viejecito! ¡Mi viejeci- to bueno! (LE BESAJ. * * * LOCUTOR: Y llegados a oídos de la nobleza el antojo de Miquita y el ofrecimiento del Virrey de complacerla, se armó la gran batahola. <MURMULLO. - VOCESJ. MARQUESA.-¡ No debemos consentirlo! MARQUES.-¡ Es el colmo de la ofensa que puede inferirnos ! UNA VOZ.-¿Y qué podremos hacer? MARQUESA.-Si es necesario, iremos en queja hasta su Majestad. VOZ SEGUNDA.-Pero mientras tanto, se realiza la ignominia. . CONDE.-No, no; es preciso oponerse. La queja después de la afrenta, sería prueba de debilidad ... Lo pri- mero es nn dejarnos humillar. VOZ MASCULINA.-Sois de mi parecer, conde: querellarse después de ser ultrajados, es debilidad de mu• jeres. o de niños, dicho sea con perdón de las damas. MARQUESA.-Se equivoca su Señoría: las muje- res no somos débiles, ni cobardes, y la prueba la tenéis palpable: ¿quién os dió la voz de ala-rma?

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