La Perricholi, t. 1
163 LOCUTOR: Estacio agota toda su elocuencia en el desempefio de su delicada misión. MICAELA.-(Canta, acompaña laúd). TERESA.-Ven, hija, aquí está el amigo Estacio. MICAELA.-Voy, madre. (Pasos). Buenas tardes, amigo Pepe. ESTACIO.-Buenas tardes nos dé Dios. MICAELA.-¿ Vienes por Manuelito? ESTACIO.-No, el Virrey no ine ha dado orden de llevarlo... Ni habrá ya para qué. MICAELA.-¿ Cómo? ¿No quiere ver más a su hijo ese viejo? · ESTACIO.-No es eso, mujer, sino que quiere venir a verlo aquí, a tu casa. MICAELA.-¡ No; qtte no venga acá el viejo grose- ro porque va a acabar de conocerme!... ¿No soy una pe- rra chola, y él todo un noble de España y Virrey del Pe- rú? ¿Para qué va a regresar a mi casa? ESTACIO.-Vamos, Miquita, el Virrey te adora. Un momento de arrebato cualquiera lo tiene... Es el pa• dre de tu hijo... Lee este billete que te envía y vas a cam- biar de parecer. MICAELA.-Déjalo allá... sobre la mesa. ESTACIO.-¿No lo lees? MICAELA.-No sé si lo leeré o si se fo devuelva cerrado. ESTACIO.-No desprecies tu buena suerte, Miqui- ta, de ser adorada de un poderoso señor. Te pesaría, Mi- quita; hazlo por tu hijo, sino por tí. ·· MICAELA.-¿ Vienes de predicador? ESTACIO.-Vengo como el mejor de tus amigos, que sólo desea tu bien. Si no lees el billete, ¿qué le con- testo al Virrey? MICAELA.-· Pues dile lo que oyes y ves, y déjame en paz.
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