La Perricholi, t. 1

LA PERRICHOLt · mujer así, no se puede esperar otra cosa en sus relaciones con los hombres. MIRANDA.-Sí, eso indicaba la galantería del se- ñor co.nde y la coquetería de la comedianta. . MARQUES (A la marquesa, con satisfacción).-Ya veis cómo va teniendo resultado mi trama: será mejor qt.te la vuestra. LOCUTOR: El poderoso magnate español envía embajadas a la altiva criolla. FRANCISCO.-Excelencia, Estado os ruega que le recibáis. VIRREY.-Orden te tengo dada de que siempre que venga, le conduzcas inmediatamente a mi presencia. FRANCISCO.-En verdad, Excelencia; pero es por respeto que solicito siempre vuestra venia. VIRREY (Impaciente).-Ve presto a hacerle pasar. <PASOS DE . FRANCISCO). FRANCISCO.-¡ Je, je, je! El señor Virrey está amartelado por la comedianta como un mozo de veinte años. ¡Qué pasión! ¡Qué pasión por San Crisóstomo !... Verdad que si yo no estuviera tan viejo, y no fuera tan pobre, también me hubiera tentado. ¡Es bella la mesti- Z?-, y traviesa y diabla!... i Ah! Estado, venid, venid, que el señor Virrey me regañó porque no os hice pasar a su despacho en cuanto llegasteis. ESTACIO.-¿ Arde el fuego, entonces? FRANCISCO.-¿ Qué si arde? Y más vivo que nunca.

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