La Perricholi, t. 1
Í 60 M A R I A J • A L V A R A D O R I V E R A MIRANDA.-¿ Dais permiso, señora marquesa? MARQUESA.-Pasad, Miranda. MIRANDA (Servil).-Dios os guarde, señora mar- quesa, y a Vuestra Merced también, marqués. MARQUES.-¿ Qué noticias ·me traéis? MARQUESA.-¿ Seguirá el pleito de la Perricholi con su amante, o habrá reconciliación? MIRANDA.-Yo trabajo para que no la haya. Aprovecho todo desliz de la Mica para excitar la · cólera del Virrey, y herir su pündonor, a fin de que la abandone. MARQUESA.-¿ Pero el vejestorio está más apa-. sionado que nunca? MIRANDA.-A decir verdad, parece que esa mujer hubiera sorbido los sesos al Virrey. MARQUESA.-Pero, ¿qué atractivos tan grandes tiene esa chola para que los hombres se enamoren así de ella? MARQUES (En voz baja, incisiva).-No podéis ol- vidar vu~s~ro despecho porque os arrebató al Virrey. . MARQUESA (En el mismo tono y con doble mor- dacidad) .-Ni vos podéis ocultar el odio que le profesáis al Virrey, porque os quitó a la Perrachola. MIRANDA.-Yo estoy a . vuestras órdenes: no te- néis sino mandarme. MARQUES.-Ya sabéis lo que queremos: que nos enteréis de todo lo que disponga el Virrey respecto a la Mica, y que la espíeis a ella y nos digáis el menor indi- cio que descubráis de que tenga otro amante. MIRANDA.-Hoy conversaba con ella en el café Francisquín... ¡Oh!... no sé si deba deciros. MARQUES (Con imperio).-Hablad sin ambajes. ¿Quién conversaba con Micaela? MIRANDA.-El conde de Otero. MARQUES (Impetuoso).-¿ Y qué indicaba la con- versación? ¿Amoríos? MARQUESA.-¡ Ni qué dudarlo! Porque de una
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