La Perricholi, t. 1

LA PERRICHOLI MARQUESA.-No digo de palabras, sino de obra... Vos andáis con paños tibios. Hacedle entrar en la alco- ba de la Perricholi, aunque sea como un ladrón, para po- der dar aviso al Virrey y que la sorprenda infraganti. Así siquiera sea por vergüenza, la abandonará, y ella, la mes• tiza insolente, tendrá que bajar el copete. ¿No veis co- mo se pasea por los éafés con su insultante lujo? Esto lo hace porque aunque separada del viejo, sigue resguar- dada por él. MARQUES.-Decís bien. Voy a hacer llamar al conde, y le daré un último plazo, para que nos entregue a la Perricholi en infraganti delito de adulterio. (Ríe me- íistofélicamente). JORNADA DECIMA TERCERA LOCUTOR: El odio no concede tregua a la marquesa de la La- guna, en su tenaz campaña. CRIADA (Tímida).-¿ Da licencia, mi amita? MARQUESA (Indignada).-¿ Por qué te atreves a presentarte sin que te llame? CRIADA (Asustada).-¿ No me ha ordenado mi amita que siempre que venga el señor Miranda, le avise? MARQUESA.-¡ Ah! ¿Es Miranda? Condúcele acá. CRIADA.-Corro, mi amita. (Carrera de la negra). ¡Qué miedo cuando mi ami ta tiene cólera! ¡Y a me pa• rece que me jala el pelo! MARQUESA.-Miranda tampoco sirve para nada. Nos lleva los pesos pulidam~nte.

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