La Perricholi, t. 1
158 M A R I A J . A L V A R A D O R I V E R A LOCUTOR: Mientras tanto, en casa de la marquesa de la La_, guna, el descontento crece entre los esposos, porque la ·venganza se retarda. MARQUESA.-La oportunidad es preciosa para hacer que el viejo la abandone para siempre. MARQUES.-No os hagáis imaginaciones: esa mu- jer tiene muchos hechizos para que el Virrey la deje. MARQUESA (Recelosa).-¿ Lo decís por experien- cia propia? MARQUES.-¿ Celos? Sabéis lo aborrecible que me es la mujer celosa. MARQUESA.-¿ Creéis que me rebajaría a tener celos de una perra chola como la cómica? MARQUES.-Tanto mejor para vos, si no os reba- jáis a tener celos de la perrachola. MARQUESA.-Pasan los años, el odio nos devora las entrañas, y no podemos consumar nuestra venganza. MARQUES.-Vuestras artes han fallado. MARQUESA.-Yo he hecho cuanto ha dependido de mí: mis cartas enviadas a España es lo único real. MARQUES (Con ironía).-Vuestras cartas; vues- tras cacareadas cartas, simples chismes, crónica bufa de la corte virreinal... El Rey no les ha prestado absoluta• mente atención, y ... .MARQUESA (Interrumpiendo).-Es que Amat con su astucia desvirtúa las acusaciones; empero ya veréis ·como mis cartas son semillas, que, aunque tarde, tienen qt,ie dar fruto, mientras que vuestra maravillosa trama con el conde de Otero, no dará jamás resultado. El con- de es demasiado previsor para exponerse a un grave pe- ligro... Os está estafando pulidamente. MARQUES (Exaltado).-¡ No se reirá de mí: os lo juro por Santiago! MARQUESA.-Es necesario apremicir al conde, obli- garlo. MARQUES.-Ya lo he liecho.
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