La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOL lo que hacen el marqués y la marquesa, punto por pun- to, para que yo pueda ayudaros a dar con el ovillo que decís. MIRANDA.- Sí, E x celencia, así lo haré... Y de doña Micaela, ¿no debo ocuparme ya? VIRREY (Después de un silencio).-¿ Pudistéis ob- servar su rostro cuando hablaba con el GOnde? MIRANDA.-Sí, E xcelencia. VIRREY.-¿ Qué revelaba? ¿Estuvo muy amable? MIRANDA.-Al principio sí; estuvo muy amable, alegre, reía encantadora... VIRREY (Severo).-¿ La encontráis encantadora vos también? MIRANDA (Turbado).-Es decir... creo que si Vuestra Excelencia la hubiera visto, habría pensado así. VIRREY.-Decíais que al principio estuvo amable, ·y ¿después no? MIRANDA.-Después se puso muy seria, y parece que le despidió, pues el conde, también serio y confuso, dejó su asiento, hizo una reverencia muy respetuosa a -do~ ña Micaela, y fué a juntarse a sus amigos, en una mesa distante. VIRREY.-¿ Y ella? MIRANDA.-Quedó un corto rato en el café y lue- go regresó a su casa. VIRREY (Su&piro de alivio. - Habla para sí).-En- tonces no tiene nada con él. MIRANDA.-¿ Me decíais, señor? VlRREY (Benévolo) .-Nada... nada. Id y seguid cumpliendo mis encargos. MIRANDA.-¿También respecto a doña Micaela? ' VIRREY.-Sí, hombre, sí: de ella en primer lugar. MIRANDA.-Con vuestra venia, Excelencia. <PASOS DE MIRANDA QUE SE ALEJA>• • * * ·
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