La Perricholi, t. 1
ÍSS M A R I A J • A L V A R A D O R I V E R A MIRANDA.-Con vuestra venia, Excelentísimo se- ñor. VIRREY (Entre dientes).-¡ Que el demonio os lle- ve en cuerpo y alma!... (Pasos de Miranda). ¡Miranda!... Miranda... venid ... Sentaos... Tengo otro asunto que en- cargaros: lo había olvidado. MIRANDA.-Mandad a vuestro esclavo. VIRREY.-Vigilad al marqués de Villablanca y a la marquesa de la Laguna. MIRANDA.-Sí, tengo presentes siempre los de· seos de Vuestra Excelencia, y procuro complaceros. VIRREY.-¿ Y no habéis descubierto nada? MIRANDA.-Hasta ahora nada claro; pero tengo un hilo por el cabo... VIRREY.-Y ese hilo ¿es?.. MIRANDA.-Las dos últimas veces que ha levado anclas un bergantín para España el señor marqués ha ido a visitar a alguno de los que partieron para allá. VIRREY.-¿ Y qué sospecháis? MIRANDA.-Como no' ha sido la visita a gente de su rango... VIRREY.-¿A quiénes ha sido? MIRANDA.-El mes pasado\ a Pedro Sánchez. VIRREY.-¿ A Pedro Sánchez? ¿El cigarrero del tendejón de la Ribera? MIRANDA.-Sí, Excelencia. VIRREY.-Y este mes, ¿quién fué el visitado? MIRANDA.-Antonio García. VIRREY.-¿ El judío prestamista? ¿Y por qué no m~ lo habéis dicho antes que se embarcase? MIRANDA.-Porque mis sospechas han venido ·des- pués. VIRREY.-¿ Cómo han venido? MIRANDA.-Porque he sabido que la marquesa escribe, en compañía del marqués, cartas que parecen ser de mucho interés y reserva. VIRREY.-Mfranda, es preciso que me comuniquéis
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