La Perricholi, t. 1
i2' M A a i A t .. A :t V A R A t> O R I V É ll A TERESA.-Ven, ven presto... ¿Dónde has puesto el cofre de las camisitas más grandes? MONICA (Lanza una exclamación cómica).-¿ Ya?.. ¿Ya lo trajo la Virgen del Carmen? TERESA.-Sí, negra, sí, y no cabe en las camisitas del primer tamaño... · MONICA.-¿Tan grande lo trajo Nuestra Señora Santísima?... ¡Ay, Jesús! ¡Si es una preciosidad! ¡Qué grande, qué grande! TERESA.-¡ Negra, las camisitas ! Tiempo tendrás de verlo y de que te tire las pasas. MONICA.-Aquí, aquí, mi ama están... Tomad- las... <PASOS J. · VIRREY.-Doña Teresa, mostrádmelo. TERESA.-Señor, perdonad, ¿ e~tél:báis aquí? VIRREY.-Sí, no pude más... TERES~.-Vedlo, qué bendición de Dios, señor. VIRREY (Riendo).-¡ Oh! ¡Oh! ¡Qué cachorro ro- busto!... (Llanto de niño). Y como chilla... TERESA (Le arrulla).-No, no, precioso, no llores... VIRREY.-¿ Y Miquita? TERESA.-Está bien, hasta ahora, con el favor de Dios, y de vuestras atenciones. Pasad a verla, Excelen- . . cta. (PASOS DEL VIRBEYJ. VIRREY (Con voz contenida).-Miquita, ¿cómo te sientes? · MIQUITA (Débil).-Bien, Manuel... Casi bien... ¿Le has visto? VIRREY (Risueño).-Sí, es un gran muchachote: fuerte, robusto... Le pondremos Manuel. ¿No quieres que lleve mi nombre? MICAELA.-Si; me agrada que quieras ponerle tu nombre. VIRREY (Enternecido).-Desde hoy m.e eres do-
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