La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOLI 125 blemente querida, Miquita. ¿Qué quieres? ¿Te hace fal- ta algo? MICAELA.-No; nada, Manuel. VIRREY.-Ve lo que te traigo. MICAELA.-¡ Lindo el cofrecito! ¿Qué tiene? Abre- lo tú. VIRREY (Con satisfacción).-Ya está. MICAELA.-¡ Un anillo de zafiros y brillantes!. .. ¡Qué joya más preciosa!. .. ¡Gracias, Manuel! - VIRREY (Conmovido).-¡ Para la madre de mi hi- jo! * * * LOCUTOR: Cuatro meses después, la artista sentía la nostalgia del teatro, que no alcanzaban a disipar las satisfacciones de la joven madre. MICAELA.-Yo quiero volver al teatro, Manuel. VIRREY.-Pero, Miquita, ¿qué te falta? ¿No te doy todo lo que necesitas? MICAELA.-Sí; empero yo quiero trabajar. Me gusta tener la plata de mi trabajo. VIRREY.-¿ Y Manuelito? MICAELA.-No voy a pasar todo el día en el tea- tro. En las horas que yo no esté aquí, tiene bastante gente que lo atienda: mi madre, su ama, Mónica... VIRREY.-Sí, sí; empero nunca como su propia madre. MICAELA.-¡ Yo quiero seguir representando!... ¡Gua, qué lisura! ¡Por qué voy a privarme de lo que tan- to me gusta? VIRREY.-Mi deseo es que estés siempre contenta. Haz, pues, lo que te plazca, Miquita. * * *
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