La Perricholi, t. 1
LA PERRICHOLI CONDE.-¡ Negra bandida, voy a mandarte al hos- pital a lavar soleras! .TRINIDAD.-¡Jesús, María y José! ¡No sea malo mi amito, con esta pobre negra que sólo nació pa servirle! CONDE.-Todos los días te doy un peso para que le lleves flores, y una carta a doña Clara, y todos los días me ofreces traerme contestación, pero jamás cumples. TRINIDAD.-No tengo yo la culpa, señor conde, sino la niña Clara que es más recatada que Santa Rosa... Pero ya las flores y las alabanzas que le hago de su Mer• ced, van penetrando en su corazoncito. CONDE.-¿ Qué le dices de mí? TRINIDAD.-Le digo que sois un galán tan fino y garboso que ni mandao hacer ... que las niñas se amar- telan por su Merced. CONDE.-¿ Eso le has dicho? Creerá que soy un libertino, un jactancioso. TRINIDAD.-No ... no, señor conde. Se ablandó como una cera. . . como una melcocha. CONDE.-¿ Se ablandó, dices? TRINIDAD.-Sí, señor conde, y me preguntó mu- chas cosas de su Merced. CONDE.-¿ Qué te preguntó? TRINIDAD.-Que si el señor conde tenía manceba. CONDE (Intranquilo).-¿ Eso te preguntó? ¿Y tú, qué le contestaste? TRINIDAD.-Que ni en sueños ... que su Merced estaba como había nacido. . . Lo mesmito que una don- cella ... CONDE (Colérico).-¡ Negra animal! Me creerá un. . . trasto inservible .. . TRINIDAD.-No ... eso no, señor conde ... Si sa- be que sois varón cabalito y valiente, capaz de batiros con el lucero del alba. CONDE.-¿ Pero, qué te dijd? ¿Qué te dijo de mí? ¿No me mandó un recado, un billete? TRINIDAD.-¿ Recado? ¿Billete?... Queréis andar
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