La Perricholi, t. 1

98 MAR 1 A J . ALVARADO - RI .VERA reina .de vuestros castillos, y engalanarla Cf)n las más ri- cas joyas de vuestras agüelas. TRANSEUNTE.-Bueno. . . llévale las flofrs, y háblale así. . . pero ¡cuidado con engañarme, negra ban- dida, porque te hago quemar viva! TRINIDAD.-Y si le traigo el sí de la niña, ¿qué me dá? TRANSEUNTE.-Lo que me pidas. TRINIDAD.-Es mucho comprometerse, señor. TRANSEUNTE.-Creo que no me pedirás el sol. TRINIDAD.-Ved, ya está listo el ramo, ¿no os agrada? TRANSEUNTE.-¡ Es lindo! ¡Muy lindo! Como para la Virgen. . . Toma negra esta .onza, y lleváselo presto, y no te olvides de lo que le vas a hablar de mí. .. TRINIDAD.-De nada me olvidaré, pero su Mer• ced no me ha dicho aún quién es vuestra dama. TRANSEUNTE.-¡ Pues es cierto! Se llama doña Isabel, y vive en la calle de Mogollón. TRINIDAD.-Conozco a esa niña, y tiene razón su Merced de estar loco por ella. . . Es linda como la Vir- gen del Carmen ... Voy ... voy allá. Hasta mañana,. se- ñor caballero, y no os olvidéis de lo que me habéis prome- tido. (Canta) Aromas y jazmines, rosas y claveles, hacen más hechizos que brujas y duendes. * * * CONDE DE OTERO.-Espera, espera, negra. ¿Con quién has estado hablando tanto? ¿No te acordabas de mí? ¿ Qué noticias me traes? TRINIDAD (Con picardía).-Tiene qu~ esperar todavía su Merced.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx