La Perricholi, t. 1

100. M A R I A J . A L V A R A D O R I V E R A a caballo, mi amo, y una niña noble no dice sí tan pres- to ... Se hace rogar como una mesmita santa. CONDE.-¿ Cómo a caballo? Hace ocho días que le llevaste la primera carta y flores. TRINIDAD.-Bueno, ¿y qué son ocho días para una niña tan linda como una virgencita de los altares? CONDE.-Ocho días es una eternidad para el tor• mento que sufro por la ingrata. TRINIDAD.-¿ Es verdad que sufre mucho mi amo? CONDE.-Ya te he dicho: un infierno. TRINIDAD.-¿ Y qué me daría mi amo si ·yo le sa- cara de ese infierno? CONDE.-Te daré mi bolsa con toda la plata que llevo. TRINIDAD.-Venga la bolsa, rn.1 amo ... (Tendré para la libertad de mi her-mano). CONDE.-¿ Qué buscas? TRINIDAD.-Saque la bolsa, señor conde, que le voy a dar la felicidad. CONDE.-La felicidad sería para mí que corres- pondiese a mi pasión. TRINIDAD.-¡ Eso ... eso le dice aquí, porque es- ta negra le hizo hechizo con los jazmines y los claveles, para que se vuelva loca por el señor conde! CONDE.-¡ Dame. . . dame presto el billete! TRINIDAD.-¿ No le decía que la niña iba a caer rendidita como una palomita herida? ... A ver ... lo pro- metido ahora ... CONDE.-Toma la bolsa ... ¡Oh, el billete, cuánto lo he esperado! <SUENA UN BESO>. TRINIDAD.-¿ Véis cómo la negra Trinidad sabe cumplir? CONDE.-Te daré el doble de lo que contiene esa bolsa, el día que me consigas una cita ... TRINIDAD.-Id con Dios, señor conde y confiad en mí (Pasos del Conde). ¡Cuánta plata! ¡L'a libertad

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