La Perricholi, t. 1

LA PERRICHOLI .93 VIRREY.-Si es como dejáis entrever ... vendrá el marqués ... MARQUESA (Con emoción).-¡ Gracias, Excel~n· cia ! ¡Mil gracias! * * ·* LOCUTOR: Y al regresar aquella tarde Miquita a su casa, el hi- dalgo don Francisco, que no sabe de eternos idilios, ni de simulaciones innobles, que llama a las cosas por su nombre ... DON· FRANCISCO.-Os esperaba, doña Micaela,. porque tengo que hablaros. DOLORES.-¡ Ay!... ¡Por Dios! ¡Qué vergüenza!.. .. ¿Qué le váis a decir? MICAELA.-Os escucho, don Francisco. Decid. DOLORES.-. -¡Yo me voy!. .. Con vuestra venia, ca- ballero... ' DON FRANCISCO.~No; no os vayáis, quedaos, doña Dolores. MICAELA.-P.éro, ¿qué pa~é!:? Me intrigáis. TERESA.-Primero fué el susto de los pericotes, después, todo el tiempo que tú has estado afuera, ellos permanecieron muelos, como estatuas de piedra. . . Por nada conseguí hacer que charlasen, ni don Francisco, ni Dolores. . . Y ahora ... DON FRANCISCO.-Ahora si voy a hablar, doña Teresa, y bien claro. MICAELA.-Os escuchamos. DON FRANCISCO.-Yo no sé hacer el galán de los romances, que trepa por escalas de seda, abusa de la candidez de la doncella y la abandona a la vergüenza; yo voy derecho, en día claro y con sol, por el camino más corto, a la iglesia. DOLORES.-(Hace un murmullo nervioso).

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