La Perricholi, t. 1

·"'M A R I A J . ALVARADO RIVERA TERESA.-¿ Qué queréis decir? DON FRANCISCO.-Doña Teresa, y vos, doña Mi- ca.ela, que sois como la hermanita mayor de vuestra pri- ma, tengo a honra pediros la mano de doña Dolores; em- parentado estoy con nobles e :i.sas y tengo un patrimonio realengo; soy capitán de los ejércitos reales, y aunque no soy mozo, no he llegado a viejo tampoco. MICAELA.-Don Francisco, por mi parte, me sien· to honrada con vuestra elección; tenéis mi consentimien- to y con mucho gusto. Mi madre igualmente lo tendrá a bien, ¿verdad, mamita? TERESA.-Sí, don Francisco, os estimo mucho, y os veré con satisfacción en la familia. . . En cuanto a Dolores, no sé qué dirá ... Nosotros no queremos impo-- nerle nuestra voluntad ... que decida libremente. MICAELA.-Tiene r·azón mi madre; "amor no ha de ser forzado, sino del alma nacido" ... Dolores, contes- ta a la petición de don Francisco, ¿quieres ser su esposa? DOLORES.-¡ Ay, Miquita. . . Miquita ! ¡Me mue- ro de vergüenza! . MICAELA.-Venid, don Francisco. Dadme vuestra mano. Así, aquí en la de Dolores. Apretadla bien fuer- te para que este ñudo no se desate en toda la vida. Yo os bendigo hermanos míos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. TERESA.-¡ Benditos seáis, hijos queridos! DON FRANCISCO.-Gracias, doña Teresa; gra• cias, Miquita. Y dentro de ocho días a la parroquia, y después de paladear el pavo que va a rellenar doña Tere- sa para nuestras bodas, a mi hacienda Cusipampa. ¿Os place así, doña Dolores? DOLORES.-¡ Ay!. .. caballero ... yo ... ¡Miquita !... <ROMPE EN LLANTO). MICAELA.-Sosiégate, mujer ... Ya te acostum- brarás. (En voz baja).- ¿No decías que habías nacido para amar?

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