Ciudad del sol

- 88 - tras que afuera, e1 trío de invalidez, cantina tocan- do· el saludo de diana. El tributo que m.e rendían, el homenaje de que era objeto, por su sencillez y humildad me habían con- 1novido, al punto que lejos de protestar hube de reEig- narme. En conciencia, debo declarar que jamás me he creí- do m-erecedora de especiales agasajos; más aún, aparte de las manifestaciones expontáneas que se tributan a un hombre después de haber realizado una hazaña o rr1erecido el laurel guerrero, considero lo demás de un convencionalismo denigrante a la dignidad humana. ~ Todo lo que sobrepasa lo que obliga la correcta educación, como ~. on los ceremoniales palatino~, la cor- . tesanía ,servil, sólo me impresfona e.orno una comedia representada en el teatro de la vida, cuya grotezca ·pa-· ya~ada obliga a mirarla con ojos de ·doloroBa por guar- dar · de·co-ro, mientras que el espíritu ríe, ríe, ríe ingé- nuamente. · Era el caso ·que la pobreza · d_e · esos indios, en su apartado ranchería, me había impreEionado honda- mente; muy enternecida, recordé cuando mi madre me contaba· el magnífico aeogimiento que le hicieran en la región del Centro, durante la época de la · guerra con Chile, y cómo la llamaban : "Madre grande", y ta1nbién lo mucho que sufrió. Me parecía escuchar su voz temblorosa, ver correr sus lágrimas, que no. podía esconder, cuando en el mo- nólogo que a veces le sugería la evocación del infor- tunio nacional, exclamaba: "La pobre gente que iba a morir en desigual combate". * * * Un paseo pnr el pueblo permite apreciar las ba- ses de lo que fué antiguo esplendor, opulento Palacio, más aún ciudad guerrera, fortaleza invencible. Me dirijí hacia la P'la~a del pueblo, donde numero- sas nuertecitas lucen ramilletes de ·flores suspendidos al extremo de largos 'carrizos', ·Jo que le dá un aspecto de feria pobre; no obstante, sólo anuncian el ún'icio mer·- cado del pueblo : las "chicherías". ·

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