Ciudad del sol

.---:- 87 ~ . Los músicos del lugar: un ciego arpista, un manco que toca el bombo y un tuerto la flauta, a quienes no había apercibido porque estaban ocultos entre la in- diada, prorrumpen en inesperada y entusiasta diana. Este trío, lo mismo que ocurre eh ca.si todos los villorrios serranos, se había dedicado a la música a cau- sa de ·su invalidez para la faena agrícola, siguiendo la tradición cuyo :origen ellos mismos ignoran. Al lado de éstos se encontraban: encorvado, casi ciego, el más anciano; la enana y el "opa" del pueblo: son los des- dichados, los pordioseros que subsisten porque la cari- dad no los deja morir de hambre: son tres figuras muertas, escapadas de los caprichos de Goya ! Llevamos los caballos al paso: ·entre los que cabal- gan los ·caballeros, que han venido a recibirme, los hay hermosos y bien enja,ezados; cubreri la.s monturas ricos pe·Uones y los frenos y estribos lucen brillantes encha- pados de plata, con preciosos cincelados del arte pla- terezco. A pesar del tropel de las cabalgaduras, se escucha la música bulliciosa ,repitiendo con incesante mono- tonía, los compaces de la salutación guerrera, la misma que aprendieron de la Banda militar, cuando dió la seña'l de alerta ·Contra el enemigo, hasta en los confines de la. República. M·e preguntaba si habían olvidado los himnos solemnes, las danzas voluptuosas, las mar- chas reales, los alaridos formidables de esa música pri- mitiva, insistente, con toda la fuerza de la emoción que emana ·de los artistas ingenuos que la forjaran? ... Al entrar a la Gobernación, una india joven y rolliza, me ofrece otro bello ramo de flores, igual a'l que recibiera a la entrada del pueblo; causa placer mi- rarla, el rostro encendido de rubores; muy enga1anada, luciendo el vistoso traje dominguero. Sobre un escaño de adobes, que constituye el mobi- liario de la habitación, han extendido ponchos de sua- ve vicuña; el centro, lugar que debo ocupar, está cu- bierto con un pellejo de blanca lana de carnero perfec~ ta.mente escarmenada la que se levanta mullida cual copos de espuma; cubriendo el suelo se encuentra otro igualmente blanco. La indie 1 cita, como odorante lluvia, deja caer sobre mi cabeza pétalos multicolores, mien-

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