Ciudad del sol
- 77 - permitiese a los protestantes venir a mi curato. Aquí cerca tienen una hacienda con las misiones protestan- tes y son poderosos porque tienen dinero, yo nada ten- go. Conquistan a los indios y los engañan". Luego inclinó la cabeza y después de breve pausa continuó: "Yo no puede hacer nada. . . . . no puedo hacer nada ...... " La humillación de su fé ve cida por el dinero, fué el dolor de sus últimos días expiato- rios, que sin duda le ·abrieron la Gloria, donde al morir su alma voló ! Encima de la mesa los duraznos amarillos, fra- . gantes, formaban pirámide y se insinuaban apetito- sos, mientras que ¡en 1a puerta dos fucsias con el coTa- zón blanco se .desprendieron de -la planta. El cura meditabundo permaneció inmóvil con la cabeza inclinada sobre el pecho, contem.plando las flo- recitas marchitas que yacían en el suelo, mientras que yo me regalaba con la fruta deliciosa que me pareció exquisita, porque de puro madura acababa de caer del árbol y por un ·instante abominé del Café de París y de sus "peches Melba", como de una extravagancia que repudia la naturaleza y también de los misioneros pro- testantes y de la libertad de culto::;, que permitía la in- tromisión de éstos, amargando la ancianidad del buen Cura, que todo su lujo consistía en mirar las fucsias y obsequiar duraznos.
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