Ciudad del sol

-74- .lla que eleva la campana aldeana en devota tor,recilla, . levantada por la piedad y el fervor católico. La idea de arribar a Urubamba después de un día de contínuo caminar, me ob8eciona como el anhelo vehemente del peregrino que apercibe el altar de la me- ta, sin alcanzar a besarle. Antes .de llegar a la quebrada de Urubamba, cu- ya leyenda de paisaje maravilloso me fascina, aun de- bo recorrer una trocha peligrosa llamada jaboncilloc, palabra quechua españolizada, que significa pampa de jcibón. En verdad, la pampa no exi~te; la tierra en este lugar es arcillosa y blanca, parece apropiada para la fábrica de mayólica, humedecida por la. lluvia veranie- ga resulta inconsistente debajo de los herrajes de las cabalgadura•s que resbalan fácihnente. El tráfico lu- gareño me distráe, me alegra : a las piaras de las aristocráticas llamas, desdeñoEas de la minúscula car- ga que les imponen, siguen los robustos asnos, que conducen re;signados, enormes cestos con frutas y gra- nos deE'tinados a la venta en las ferias de la comarca. Las indias que los guían van a pie y tan cargadas co- nio . ellos, llevando sobre lo~ hombros' grandes bultos, cuando no a sus criaturas. La floración parece pulular precipitada: el ·muy- tus, en . hermosos a~bustos, deja caer sus ram!ia:l 1 e1ties .. amarillos, con elegancia; en desmayada inclinación, los cactus, ·enamorados de las serranías, se inician, y en las pencas espinosas retoñan 1as flores encar- tuj adas., amarillas y rojas, camio las marimoñas de · s~da ·aprisionada, con · que adornaban sus tentillos la~ Meninas de Castilla. Cuando se ha terminado de dar la vuelta a la ·cues- ta de "jabon.cilloc, desde la altura se ·atalaya el pano- rama milenario que provoca a la admiración, revelan- do una belleza digna de . la profesía. ¡ Urubamba in- comparable, que no tiene heraldos ni .Pitonisas, por- que los sueños proféticos no pudieron imaginarla! ¡ Sión que pregona el dogma de lo imperecedero ! ¡Jerusalén sin Templo, solitaria y desconocida; sólo el que contemple tu beldad puede venerarte ! ¡Uru- bamba ! paraí:So de peregrina belleza, refugio que eli-

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