Ciudad del sol
¡URUBAMBA! El paiisaje se renueva con:Dorm·e se acerca el fin de la jornada: las chositas que antes divisara en lonta· nanza miniadas por la distancia) principié a verlas próximas, consolando la soledad del inmenso camino ; humildemente halagan a1 viajero anunciando la cer- canía de la población. Un rebaño de ovejas seguido po-r pa~tores, sube un pequeño cerro para luego perders·e er: Jo hondo del recue·sto, diríase un cuadro de silencio en el que sólo habla la poderosa luz poniente, incitando a la devoción que inspirara a los pintores primitivos. No tardé en llegar a ' 'Cchekere" · (que podría tradu- cirse: lugar que se extiende), así llan1ado porque de allí se abren tres caminos : el que sigo, con rumbo ha,cia TJrubamba; otro, por el cual se llega a la salinera de Maras, y e1 que conduce a Tiyabamba, cacerío inmedia- to en el que se deEtaca, por blanca, una diminuta capi-
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