Ciudad del sol
-67- Las gradería 1 s en parte destruídas, por los pe.dre- nes desquiciados por ·el continuo us~ o, no tardan en aparecer penosas en la ascención forzosa del ca 1 minan- te. Los operarios incaicos las han incrustrado en los ce- rros ra1s.ga.ndo las cortezas terrestres. Mi pobre caballo .sufre, acaba de salir de un pe- sebre .donde su propietaria le hacía cuidar con todas las regalonerías imaginables ; sin embargo, deb 1 e elevar las patas delanteras como en los circos cuando el equi- tador le obliga a pararse sobre las tracera,s. Jamás su- puse que las lecciones que recibí en mi niñez, en la "Haute Ecole", de M. Pe1ier, con el fin de lucirme como correcta amazona, en el Bois de Boulogne, deberían rnás tarde .servirme con utilidad indiE'.pensable. Donde los estragos del tiempo han derrumbado una piedra, abierto un bache o sangrado la tierra, el agua se deposita y forma charcos que ,son eternos. · granero, un orator'io. Miles de hombres han pasado por allí y pasan de contí- nuo sin que hasta ahora ninguno ha- ya pensado restau- rar el camino. La Ha e i en da "Ce o me r ·C'ruz" 'q (Cruz vende) tiene una pobrísima ca- sa: mi curiosidad indagadora, descu- bre por la rendija de una puerta mal cercada, que· bien podría ser la de un El oro de las maderas tallada,s reluce en la semi- obscuridad de la habitación. El oro, que el Perú prodigara en otro tiempo, se encuentra como vestigio de una opulencia muerta, en todas partes, hasta en la apartada puna de "Ccomer Cruz"!
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