Ciudad del sol

--- 68 - Si hubiese podido abrir la humilde puertecita, no dudo que me habría sorprendido un tesoro ~ecreto lega- do al olvido en el escondido altar ; alguna obra -pictóri- ca del arte colonial, testimonio imperecedero de la un- ción mística de los maestros primitivos, cuyos .cuadro~ son numerosos en las Iglesias cuzqueñas. Un declive corto de la cue~ta, permite que. la ca- balgadura vaya más a prisa; así no tardo en llegar a otra hacienda, como la anterior de . pastos naturales. Un riachuelito, gracinso y juguetón, con cause propio, corre por allí ; .como manantial va inflándose y adquiriendo fuerza y avanza destinado ,a transfor- marse ·en poderosa; corriente. El paisaje del camino no varía de aspecto y al contrario se repite igual: un cerro enorme, inconmen- surable, que se multiplica con sinuosidade\g que lo cim1an, se extiende forma 1 ndo planicies, para luego ahondarse en lo profundo de .las quebradas; más, todo e.sto puede decirse que equivale a un espejismo, lo real es que faldeando los cerros o trasmontándolos siempre continúa la ascención. Cuando · creemos haber alcanzado una cima, se 1 preisenta un pequeño declive, un recodo; una encru- cijada de la natur·aieza y después del Hano recorrido, se principia de nuevo a subir otra escalera incaica, como la que se dejó atrás, y así el engaño se prolonga interminable y ·las millas ·. resultan tan pequeñas que es preciso ' contar las díst'a.ncias por leguas. . En vano los luga1'eños quieren ácortarlás, sion largas y penosas cua·ndo ,la jorn~:qa es obligada como la que yo hacía: "El trayecto que .se debe recorrer;: es de ocho legu as"' dirá un c uzqueño; º"de nueve" dirá otro, de diez, segura men.te,-el c_aminarite. . Es indispenEable llegar a : Urubamba antes. que anochezca : de lo .contrario habría · que pasar la noche en una choza m-iserable. Con todo, Po.roy, donde parte un camino que conduce hacia Anta, equivale a una hoz- telería; aunque sól:o habitada por indios tiene algunas ca¡sita,s tejadas que la protejen contra la lluvia. Los indígenas que viajan a pie, con mayor como- didad que los jinetes, saben que allí encuentran comida preparada a hora señalada.

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