Ciudad del sol
COLCAMPATA. ·Cuando visité, en Roma, las villas de los anti- guos Emperadores, pasando por avenidas. abrigadas que protegían árboles placenteros o .subiendo las te- rrazas superpue,stas, tan vistosas y floridas como ilos cárm._e.nes andaluces; sentí una e·moción silenciaria de esas que enmudecen los labios y levantan rumorés en el alma, despertando la melan- colía ·de los amores tristes, de .las dichas perdidas, que se dilu- yen en la congoja del alma, huyendo siem- • 1 pre, m á s queridas cuanto ·más lejanas. Así, absorta, con la aberración de realizar un imposible, resucita- ba la remota opulencia, la r ·ealeza antigua oue asombra, ·el e.splendor de 1os ·muertos que nos. exalta~ Contemplando las ruinas romanas, que colorea- ba amorosamente un crepúsculo tibi1@., pensé que siem- pre. guardaría co1no vi,s.ión amada el recuerdo de ese tramonto levantino que besaba el cuadro de lo que es sepulcro vivo, por el esmero con que s·e pretende con.. servarle eternamente. · La melaneo.lía del paisaje evocaba las emociones pasadas oue · no volverán: aisí como no volverán ha re~urgir las generaciones históricas que.. nos. legaron
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