Ciudad del sol
) - 60 - ¡Oh ansias enloquecedoras de la humanidad! ¡oh dolores y tristezas inco:nsolables que nos llevan a in- quirir lo etéreo, lo desconocido ! ¡ Quipus incaicos, ritos de los adoratorios rSolares, tinieblas del pasado ! Libros santos de la Biblia, Kem- pis de a.mor, Sanscrito.s cabalísticos, Enigmas y Esfin- ges, sois páginas de la humanidad que siente, sois las ideas aglomeradas que se suceden y vuelan con alas interrogadoraB ! E 'stá es.crita la carrera veloz de los anhelos, de las vehemencias, de los martirios, de las torturas de la espiritualidad, de las aspiraciones ultra- .terrestres. Existe una. ética inmutable y serena de toda1s las ciudades, de todos los pueblos, de todos los tiempos; está escrita en todos los. idiomas y lejos de dar for- ma a la legendaria Torre de Babel, con,stituye la uni- dad de los siglos, 1a unidad de la. voluntad síclica mun- dial. ¿Quién deEconoce la interrogación de la criatura hacia Dios? ¿Quién el gran aglomerad.o del pensamien- to mundial? ¿Quién el pragmatismo Bergsoniano in- quiriendo la. prolongación eterna 1de la individualidad? ¿Quién ignora la angustia inútil ·de la existencia de Sócrates? Dos fuerzas potentes sostienen la .lucha de los siglos: la luz, que es la vida, y la fuerza, que es la ma- teria, con el .corolario de la inmortalidad que sondea el eielo, que se eleva y divaga ante el misterio de la muerte.
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