Ciudad del sol
; 1 · Del antiguo Templo del astro vivificante, sólo subsiste un ·muro. exterior. El Templo de la Luna se ha transformado en co~ vento Dominico. De 1os adoratorios dedicados a las estre1la1s, al .Arco Iris, al Ray:o, al Trueno ya nada que- da. reveJ.ador del antiguo Perú, ·de la ·abundancia del oro ni ·de la pompa insospechada. A.lgún muro de 'Piedra, a1g(j.n nicho, es todo 1o que re.cuerda la adoración al Sol en el Templo. moderno. La terraza destinada a exhibir .Jas riquezas del 801, las dádivas, las _ofrendas, también han desaparecido. Y- fué aqueHa solana deislumbrante de oro y ·_ pe- drerías un tes1oro expuesto a las miradas públi~cas, un jardín artificial, tibio y luminos:o que producía· las múltiples flores del matiz, fecundadas por los reflejos ·Solares. En vano la emoción estéti 1 ca del paganismo rrie re- müntaha a los tiempos pretéritos, ·en vano la. ingenui- dad arcaica ·me transportaba hacia el sol, corm10 a un Dios digno por la belleza del color y de la fuerza de sus ardores ·hacia la adoración incaica. Me· encontraba en el templo · de Santo Domingo, fundación colonial gue se debió al Padre Juan ·Olios, por indicación de Juan Pizarra, a quien le tocó el Tem- plo ·del Sol en el reparto que en 1535 hiciera el mar- qués Pizarra. · La v.i~ión del S.eñor Crucificado; la Santidad del catolicismo allí venerada me hizo volver de.1 remoto viaje evocador que había emprendido mi mente, a · la realidad del momento, y olvidé el pasado y la suntuo- sidad del malogrado Imperio, y me sentí Hmeña, San Pedrana, hija de la ciudad de los reye.s icat6licos, que aún no ha perdido de inmenso beaterio el recogimien- to, ni el p-erfume del incieso, que -emana del cora- zón femenino al calor del alma apasi:onada. Las rosas bendita!s se apiñaban en :los . va8os de bazar barato y miraba un blanco tul, que cubría el comulgatorio, semejante al que ·cubrió mi cabeza de colegiala, .cuando -en el internado claustral, como una _ postulanta del sacerdocio laico, me acerqué a la euca- ristía y con el recogimiento del prim-er a.mor, sentí por vez primera que no sólo la materia es realidad, que también existe 1o divino, que la divinidad llega al alma.
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