Ciudad del sol
- 21 El uso establecido, y quizás reconocido de utili- dad pública, para adquirir el boleto es el de los empe~ llones. El más fuerte, aunque llegue último, es el pri:m·e- ri0 : los codots ágiles, el ancho de las espaldas, la ele- vada estatura y el arrojo sirven con eficacia. El andén queda invadido en su totaiidad por los ajetreos de los pasajeros; los cargadores se empeñan en trepar los equipajes, en retener los asientoE de los coches y las fruteras solícitas ofrecen la sabrosa fruta de huezo de la campiña arequipeña: apetitosos ces- tos que contienen durazno~, blanquillos y abridores que de puro maduros se· revientan solos. Desde el coche restaurant, apenas ha partido el tren, sirven con es1nero emparedados delicados, be- bidas y refrescos. No Ee ven caras apesadumbradas, ni adioses ex- presivos, los que allí se encuentran van de tránsito y, a 1 contrario, .se nota ·el deseo de arribar a1 fin de la jornada. La máquina sopla arrojando densa humareda y aunque se esfuerza en .adquirir velocidad vá lenta 1 men- te, penosamente, ~erpenteando cerros arenosos y en as- censión contínua. La primera parada es el balneario de Mejía, y tam- bién, es este el primer lugar en que se vé mujeres elegantes que lucen la moda pa risien con -los velos, tules, flores y cintas veranieg.as, f orrnando un -cuadro alegre de color, movible y ris ueño ..
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