Ciudad del sol
- 188 - Estas palabras traen a mi memoria el recuerdo de aquel incomparable maestro de belleza en quien tan admirablemente se unieron la contemplación y la a 1 C- ción; el recuerdo de J ohn Ruskin, el esteta que no se contentaba con predicar desde su cátedra de Oxford y difundir con la propaganda de sus 1ibros la religión 1de 1 10 bello sino que empleaba su fortuna y su vida en convertir .en r 1 eal'id·ades .sus ,ensueños. Le hablo de éL - En Ruskin - le digo - tiene la .mujer el más noble y mas alto defensor. Para reformar e1 mundo, - diee Robert de la Sizenanne,. Ruskin no ha pensa- do en la razón de los hombres. Ha pensado en ·el amor y ha invocado el reino de la mujer. - Recuerdo - me .dice Evangelina - u·nas pa- labras suyas de "Se~ame et les Lys". Son estas: "Que lo sepais o no, todas debéis tener tronos en muchos co- razones y una corona que no dejaréis. Reinas debéis ser siempre; reina8 de vuestros prometidos, de vues- tros maridos y de vuestros hijos; reinas de un .más alto misterio para e1 mundo que debajo 1de vosotras se inclina y se inclinará siempre ante la corona de mirto y el cetro Ein mancha de la mujer ..... E 1 s poco decir de una mujer que no destruye las flores donde ella po- ne ·el pie, es necesario que las reanime. Las campani- llas no deben marchitarse cuando ella pasa, sino flo- recer' '. Ella repite las bellas frases con verdadero amor. Habla lentamente. Y la8 palabras parecen descansar, al salir, sobre sus labios. Hablamos luego de 1a mujer ideal, ide aquella que debía ser dadora de felicidad cuando se hubiesen rea- lizado los ensueños de aquel maravilloso espíritu. Ha- blamos de la mujer que no es aquella que pasa toda su vida entre los modistos, 1os bailes y los skating-s, que no es la dama fastuosa y refinada del Renacimien- to, ni tiene la indolente quietud de la musulmana. De la mujer tal com-o Ruskin la soñara: semejante a aque- llas que se ven en los cuadros de Ios. viejos maestros flamencos de la pri mera é poca. "Sentada en una si~ lla señorial de alto dos.el , gobernando 'su casa con una mirada. Que ap enas .s e insinúa como uria figura de tapicería, que es poderosa como una hada, ardien-
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