Ciudad del sol
~ 13 - .... cerdote HuiUac H oma, al enterarse de tan sacrírega pretensión, trató de convencer al joven guerrero de que su es.tirpe no l.o autorizaba a soñar siquiera en unir :::'u san.gr e a la de la familia sagrada. ¿ Fué este pon- t'ifice el que comunicó al empera.dor las locas espe- ranza.s de su súbdito? La historiadora no nos lo d·i:ce. Pero el resto del idilio es digno d.e sus personajes. En el libro de Evangelina, ti.tulado "La ciuda.d del Sol", vemos que la princesa prisi-onera dió a. luz u·na niñ.a1 de peregrina béUeza, mientras su aman.te, sublevado contra su padre, luchaba por conquistar la corona 1f el derecho a hacerla su esposa. La guerra f ué tan larga tan penosa, que al cabo de algunos años el Inca murió sin haber logrado vencer a su rebelde capitán. El gran 1 7 upanqui, heredero del trono, más feliz que su padre, consiguió ,derrotar a O.Zlanita.y. Pero lejos de c;asti.- garlo con la severidad que merecía, le concedió la m:ano de su hermana l:a. infa.nta Cussi Cuyller, quien · segu.ía esperando, en su prisión, al elegido de su a.lma. No sólo f antas 1 1nas de gen.tiles ind.io1s hay en la obra que la em.inente escritora peruana consagra a.l Cuzco. Obsesiona.d-a por el doble carácter incaico y castellano de la vieja ciudad, pa.sa_de los santuarios de los adora-dores del. Sol a los te~mplos de los conquista- dor.es cristianos, con la mis,ma gentileza con que los cronista.s sev;illanos van del Al1cázar a la Cate.d.ral. "¡Dos Cuzeos - dice - dos ciudades un.idas, aos .ciu- dades que se abrazan y se oprimen.: l.a española y .la incaica! La capital del Imperio de 1 l. Sol, cíclica, ni,onu- mentaZ., sirve de base y sostiene como juguete primoro- so a la ciudad colonial, que ostenta artesonados de Churriguera, balconcitos moriscos, c&cos de pala.cetes , de conventos y de sacristías, zócalos de jaspe, paredes de piedra que encajonan las ca.Zles, muros de piedras, d1~nteles y umbrales de piedra; por cualquier sitio que se vaya., ya sea un barrio central o a.partado., siempre la. piedra nos sorprende, con ese encanto que encierra su inercia, su belleza sombría, dulcemente puli1da, co-- nio si fuese muellemente aterc.iopelada. Las piedras que hoy exis.ten son las mism.as que parapetaron a los guerreros del Sol; p·iedra-s carcelarias al mis·m ,o tiem- po qu.e civilizadoras de las tribus conquista.das, · pie- dras que sostuvieron el templo ele oro y que a,mpara-
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