Ciudad del sol

- 11 - todia.s la.s mañanas, rut.ilantes de esmeraldas, hacia los lugares deil. culto . ..... . Y .tal es el prestigió de esos tiempos pasados, que yo también veo lo que Evan.gelina, con t.a.nt 1 0~ arte, con ta.nto a.mor, nos ofrece en la ingenua ima ginería de su libro. Hay allí cuadros que, por lo sencillos, ha· cen pensar en los primitivos. Y hay perfiles inolvi'da- bles, finos, ligeros, que apenas aparecen, pero que lue- go nos persiguen con su graciá pura. Y hay paisaje¡s de esplendor tro pical qu e deslu1mbran. Y hay, sobre todo, vista,s de la ciud.ad ilus.tre, tomadas a todas ho- ra,s, en todas las estacion e:s, que constituyen un álbum digno de ins 1 pirar a un Piranése enamorado de rui- nas y de jardines abandonados. ¡ Ah! la be1lleza pa- tética del vergel roj.o, del vergel ensangrent:a.do , del verg:e·l incend 1 iado, que los in 1 dios co ns·agrraron, en U ru- bamba, al· Dios de los Temblores y que a.ún parece sacudido por la cólera de la tierra! La d ama q ue nos lleva hasta su entrad.a, nos dice que sólo veremos una fl.or extraña na.mada mucchho, flor que, al deshojar- se, p roduce, con sus diminutos pétalos rojos, una ver- dadera lluvia. de sangre. Y agrega: "Los indios las veneran y lOAs cortan en un día del año, para llevarlas al Templo, pues pululan durante la época en que se rememora .Za Pasión de Jesús. Existe en el 1Cuzco una efigie en madera del ,Crucificado, hermas.a escultura importada-de España, que desde los .tiempos de la Colo- nia se venera. con delirante fervor. Es el Señor de los TembZ.ores, al que :se le pide, como heredero de Uru- bambo, que libre a la ciud.a.d .. de las catástrofes sís.mi- cas que causan· pavor. Constituye este Cristo e.Z . a.mor niístico más intenso de los cuzqueños, por las gracias que la sagrad.a imágen concede: 'noche y dí.a a.rden a sus pies los cirios encendidos, al punto que, expuesto a rec.ibir el homen aje deil humo perpetuo, el C'Olor natu- ral del es 1 mal.te se ha transformado en un patinado pardo, so mbrío; blanco, amioratad.o por los gol.pes y i~ertiendo la sangre del. martirio vino de España; nias hoy, sometido- a la adoración cirial del pueblo, b~ene el color indianoº Según el fervor exaltado, este Señor, sufre como si fuese un cuerpo hum1ano: al a.m- paro de la obscuridad del altar dionde se le venera, lu- gar S·ombrío al que no llega la luz hiriente del día, lo

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