Ciudad del sol
-. 120 - del crepúsculo, cuando débilmente me dijo que no le olvidara nunca". * * * La gacela que cantaba había silenciado y apoyán- dose en la tapia del huerto, descolgaba el cuérpo hacia afuera, con inclinación de flor que desfallece: sus ojos asustadizos abarcaban el espacio, inquiriendo a la s.01n- bra. Vnlví hacia ella y le pregunté: ¿Tienes nido de amor?
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