Ciudad del sol

- 119 - me de una sombra muy negra, la que refleja mi tris- teza. * * * El frío del invierno ha huido, mas el sol no vuelve. L!a prim:avera está m 1 elancólica; la noche trági- ca armoniza en el silBncio de mis cavilaciones; enig- ma indescifrable que interroga al infinito. Atormentada por congoja inusitada, exclamó la princesa bron-ceada por las caricias del Sol, en la so- lemnidad faustosa de un bello sa:lón colonial: "¿Por qué te rechacé amor de~conocido? Vuelve, ven aunque se 1 a un instante tan corto como el punto final del libro de mis dolores. Los "quipus" que anude mañana serán blancos y los arrojaré eon el . hastí.o - de las horas perdidas, lejos de mí y cerca de1 · ólvi.d o. ¿Cómo decirlo? A la hora del cr·epúsculo m ,e ha dado una cita: viene a de-cirme que le ame en la au- sencia, que se aleja para siempre. La vida es larga, amor, y tu cita etern·a, ¿acaso para el cielo? Forma que par·ece intangible, ensueño :o realidad, genio audaz, la separación que pi 1 des es montaña de nieve que diluye el calor de la esperanza; exiges lo im·posible ¿qué ser humano podrá retener el vuelo del cóndor? ¿Quién, a la carabela que surca 1 las te·mpes- tades pasionales? ¿Quién transforma en cnnstante lo que es efímero? ¿No podré olvidar su magestad se- rena? Su cabeza aureolada de g.J.oria, corriendo el mundo, será poderosa; su voz se dejará oír gratamente, exten- diéndose por los confines de la piedad, en clamores de justicia, mis oídos no le escucharán más, sól:o su fam.a llegará hasta mí, dulcemente, como la música que se et?cucha a la luz verdemente tamizada por la palidez de la ausencia. Para mí no existe el amor que vuelve a nacer. Só~ lo a él a1naré siempre, le amaré eternamente, a la hora

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