Ciudad del sol

- 117 - Abandonando el nido Se me escapó. Y desde entonces sola Vivo gimiendo, Envuelta entre las sombras De mi dolür. Después de muchos años De sufrimiento Pude al fin arrancarte Del corazón. Y hoy tengo sepultado Bajo una flores El nido que formara Para el amor ¡Vuelve así amor a nacer · Como ·el dolor a morir ! Extraña coincidencia o preocupación de mi espíri- tu turbado por la melanc-olía de la hora que invitaba a la m·editación: esta ingenua canción evocaba el vi- gor de los corazones juveniles, capaces de olvidar los infortunios de amor paira renovars·e con el vigor de la sabia creadora, dispuesta siempre a producir la fl·or cambiadiza del amor, que desconoce la tragedia marti- rizada de lo eterno a que se condenan las almas inmu- tables y constantes. E.s curioso como al choque de un incidente cual- quiera, .de una :fugaz reminiscencia d·e.spi 1 erta la re- membranza, resurgiendo a la vida, el amor que parecía muert'O. La indiferencia, el tedio o la ingratitud pueden desvincular al amor; no obstante, el recuerdo, como imag·en inde~tructible relegada en una cámara obscu- ra, vela siempre. Si se vuelve a sentir el perfume evaporado, a oír la misma música con que se recreaba aquél a quien se a·mó, la puerta del recuerdo que p.ermanecía ce- rrada se abre ·expontáneamente apareciendo el amor que se había escondido en el corazón entumecido. E1 eco, vagamente, extendía por el campo la voz tierna de entonación quejumbrosa de la indiecita, que semejaba a un murmurio arrancado a lo hondo del , corazon.

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