Ciudad del sol

AMOR, ¿DONDE ESTAS? ·Caminaba, mejor es d .ecir, descendía por una. calle én gradería, que existe desde los tiem,pos incaicos y · a cuya vera la hierba se dibuja verde y extravagante, acortando el camino que distancia la ciudad de una co- lina cubierta por tupida arboleda. Algunas ca.sitas cam- ~~ - pesina~ y plantas floridas semiocultas detrás de una tapia muy baja, a trechos la sobrepasaban ansiosas de mirar afuera; atrevidas. y ví 1 stosas enredaderas desbor- daban S·Obre ·e·lla; hacia adentro, las casitas serranas humildemente se apiñan alineadas, encajonando esta .calle solitaria y pintoresca. En lo alto, se pierden en las sombras los peñascos de la ciudadela incaica. La campana de la no distante igle~ia parroquial había silenciado el último toque de· la oración. Oculta, detrás de la ~ tapia engalanada de verdor mortecino, una indiecita dejaba oir su voz plañidera, tiernamente modu1ada, · que cantaba las melodías pe- :t'Uanas den.ominadas "Tristes", mientras que sus ma- no.s hacían ,girar vertiglnos:ameute el huso en que hilaba blanca lana. La joven a media voz . salmodiaba: ·Con plumitas de císn-ef · Polen de rosas Y la arenilla de oro De mí jardín, Un nido había fo.rmado Para adorarnos Y vivir é·ntre flores Cerca de tí. El ave compañera Que tanto amaba,

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