Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 74 un muchacho pequeño de los indiciados confesó de plano que una tía suya le avia enseñado la brújula deste oficio y que avia ido varias vezes al campo y lugar donde se juntavan a mochar al demonio en aquella fea y espantable figura que suele de Hireo o macho de la cabras y que se juntaron como quarenta brujos de todos aquellos pueblos en varias figuras de lechuzas, cóndores, perros, cerros y otros animales, pero que estando en aquel lugar las dexan y toman otras figuras de hombres aunque no las suyas sino de otros no conocidos para no ser descubiertos, decía más que para tomar estas figuras de hombres se iban a una fuente de agua negra que estava junto al pueblo y allí se lavavan y huntavan y desta suerte mudavan la figura y bolvían a aquel lugar y después refregándose con cierta yerva bolvían en sí. Este muchacho se truxo a Lima para ser enseñado en las cosas de Dios y a los demás de aquellos pueblos se les predicó con toda eficacia contra aquella mala secta enseñándoles a temer a Dios y por lo menos dice aquella relación que no alegaran ignorancia dado caso que no digan verdad en mostrarse inocentes, pues asi encubren su malicia. Pasaron luego a la provincia de Moyobamba y fue la primera vez que entraron a ella los de nuestra compañía, por estos años hallaron suma ignorancia de las cosas de la fee y por ser frontera de indios de guerra y aver sacado los españoles muchas piezas de indios gentiles que hallaron por bautizar les dieron el santo baptizmo y otras que lo estavan sin saber aún el nombre de Jesuchristo las enseñaron de propósito y conforme a lo que hallaron de nulidad en los baptismos referidos los revalidaron, y en toda aquella tierra se hizo grande fruto y se siguió después de más de 300 confissiones generales, un enmienda de vida que causó admiración en todos. Este año de 1612 se acudió con ventajas a lo que los demás se avia començado de la idolatría porque todos quantos antes dudavan que la huviese viendo que los mesmos indios a vezes la confesavan abjurándola y detestándola y la multitud de ídolos que cada día se les hallavan ya en sus casas y afuera dellas se persuadieron a ser gran verdad que el contagio era más universal de lo que se entendía. Con esto el señor virrey viendo era negocio de tanta importancia y tan de la obligación de su magestad el remediar esto dio mil pesos de limosna a nuestros missioneros para las costas de las missiones y el señor arçobispo también continuo las que solía con gran voluntad con que los padres que salieron por diferentes partes unos a los pueblos ya visitados para recorrer y ver si avia reincidencias, y otros a los que nunca se avia ido y a donde se encaminavan nuevamente los visitadores que fueron tres principales sacerdotes doctos y muy buenos lenguarases, iban tan independientes de los indios en materia del sustento nessesario que no recebían dellos cossa ninguna para que asi entendiesen [p.39] que solo buscavan el bien de sus almas. A los pueblos visitados ya fue el padre Juan Vásquez por desearlo asi el señor arçobispo por ser tan experimentado en el trato de los indios y vino muy satisfecho de quedar todos curados y sanos de aquel perverso mal que tan arraigado avia estado en ellos y los mesmo halló con no menor consuelo de su alma el padre Pedro de Oñate que también fue grande obrero y de grande experiencia y pasando de allí a otros pueblos donde uno de los visitadores avia començado su vissita fue tan buena suerte la que tubo

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