Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 72 estas almas índicas el año de mil seiscientos y onze porque en él acudieron en tres diferentes tiempos del año a otros diferentes pueblos, aunque de la mesma comarca tan inficionados de la idolatría y aún más que los primeros porque enseñavan los hechizeros y dogmatizadores a los indios muy al descubierto que si los christianos tenían un Dios, ellos tenían otro tan bueno que era Pariacaca y Huacramarca, cerros muy grandes y les persuadían aborresiesen a Jesuchristo señor nuestro y a su madre la virgen santíssima y que arrojassen su rosario y asi lo hacían algunos y por la predicación de los nuestros y cathecismo hecho muy a propósito los fueron desengañando de suerte que se confessaron generalmente muchos dellos y algunos después de confesados murieron dexando prendas de su salvación. Pero lo principal que en este año se obró fue destruir tres adoratorios de gran nombre, el uno llamado Yampillan y el otro Jamuña y el tercero el que ya se a nombrado Pariacaca, el modo de hazer esto fue con toda solemnidad porque se convocaron por industria de los padres y del doctor Ávila ya nombrado más de 200 indios y aviendo destruido en un grande patio cercado de varias casas de indios tres ídolos a quienes por unos canales que estavan debaxo de tierra tan ocultos que apenas se podían ver ni los ídolos a donde iban a parar ofrezían sangre de animales y otros sacrificios, fueron a un cerro donde estavan siete piedras grandes que representavan siete ídolos nombrados en aquella tierra y tenían sus saserdotes señalado que savia las cerimonias y sacrificios que se avian de hazer cada año en las fiestas dedicadas a ellos y el saserdocio iba por sucesión de padres a hijos con tanta puntualidad que sertifican avia un niño de ocho años que avia de suceder en aquel mal oficio y estava ya tan industriado que savia los nombres de cada ídolo y muchas particularidades dellos como si tuviera muchos años de exercio(sic) en aquel sacrílego ministerio (truxose este niño a cassa del doctor Ávila para que aprendiese la doctrina que ni aun savia persignarse). Echaronse luego aquellas piedras con ser tan grandes el cerro abaxo con gran solemnidad y música de trompetas y chirimías algazara y gritería de los indios con la qual parece davan raya al demonio a quien las avian adorado, luego manifestaron los sepulcros antiguos donde tenían huesos y cueros enteros de sus passados y los traían con grande fervor a quemarlos todos en una hoguera mostrando lo hacían tan de veras que faltando leña iban a toda priesa a sus mismas casas y desbaratando algunas piezas dellas traían la madera y paxa para cebar la hoguera, passaron de allí con otro tanto acompañamiento a deshazer el ídolo Jamuña que decían aver sido un hombre muy valeroso que ayudó a los indios desta tierra en ciertas guerras y que después della se vino a aquel cerro y se conbirtió en aquel gran risco y decían de su valor que con ser uno quando era necesario se hazía mil de tal manera que parecía una gran bandada de paxaros con que vencía sus contrarios, desbaratado este adoratorio y puestas cruzes en él se truxeron a quemar más de 200 cuerpos muertos, solo se reservó uno llamado Tutayquiri que con aver según la tradición de los indios más de ochocientos años que passó estava tan entero que caussó admiración porque no le faltava diente ni muela ni dedo en pies ni manos guardole el doctor Ávila para traerlo a Lima y mostrarle al virrey y arçobispo. La tercera facción de mayor estima fue la que restava del ídolo Pariacaca que

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