Yuyarccuni Año II N° 2 Jimmy Martínez 53 a su texto. Vargas Ugarte (1963), antiguo poseedor del manuscrito, señalaba que la obra no estaba redactada de una sola mano, es posible que el padre Barrasa haya recibido la ayuda de amanuenses que le iban copiando los borradores a limpio, lo que demostraría que su crónica quedó incompleta. Desafortunadamente, la desaparición del manuscrito original ha traído como consecuencia que la crónica sea casi desconocida para los investigadores y estudiosos del mundo andino. Es historia conocida que la crónica del padre Barrasa estuvo guardada por años junto a otros manuscritos en la biblioteca del colegio San Pablo de Lima, cuya colección se vio desperdigada luego de la expulsión de la compañía en 1767. A mediados del siglo XIX, el historiador Enrique Torres, asiduo investigador de los papeles jesuitas que se custodiaban en el Archivo Nacional y la BNP, no logró dar con la obra, lo que nos permite aseverar que antes de la guerra del Pacífico las mencionadas instituciones nunca tuvieron en su poder dicho texto. Posteriormente, en su libro Los antiguos jesuitas del Perú (1882) daría la noticia que el manuscrito original, conformado por 1350 folios, lo poseía el monseñor Pedro García y Sanz, canónigo del coro metropolitano de Lima16. El padre García y Sanz era un fiel admirador de la obra evangelizadora de los jesuitas en el Perú, publicó en 1863 una obra dedicada al venerable Francisco del Castillo17. Dicha crónica debió adquirirla en los aciagos momentos de la ocupación chilena, porque en su libro Apuntes para la historia eclesiástica del Perú (1876), solo dice del padre Barrasa que fue autor de “un tomo de sermones, impreso en Madrid el año de 1677”18. Carlos A. Romero, ex director de la BNP, fue el primer historiador que sacaría a la luz unos fragmentos de la obra para su estudio sobre las idolatrías de los pueblos indígenas, investigación 16 Torres Saldamando, E. (1882). Los antiguos jesuitas del Perú. Lima, pp. 153-165. 17 García y Sanz, P. (1863). Vida del venerable y apostólico padre Francisco del Castillo de la Compañía de Jesús. Roma. 18 García y Sanz, P. (1876). Apuntes para la historia eclesiástica del Perú. Segunda parte. Lima, p. 424. Durante la ocupación de las tropas chilenas a la ciudad de Lima, la Biblioteca y el Archivo Nacional, sufrirían el expolio de su patrimonio documental, pues un grupo de ellos fueron a parar al país invasor y otros comercializados a los libreros e coleccionistas peruanos de la época como Nicanor Silva Santisteban, Felipe Varela y Valle, entre otros. No olvidemos que este último había comprado posiblemente del librero Sebastián Salazar la crónica manuscrita del padre Giovanni Anello Oliva, siendo publicada por su hijo Luis Varela y Orbegoso en 1895. Según Manuel González, la citada crónica formó parte de su biblioteca particular, colección que perdió cuando salió del país en momentos que la soldadesca chilena asaltaba la capital. Es muy probable que en estas mismas circunstancias el manuscrito del padre Barrasa llegase a manos del monseñor Pedro García y Sanz, quien con el tiempo formaría una selecta biblioteca particular, algunas de ellas ubicadas en la colección Raúl Porras Barrenechea y en el Fondo Antiguo dela BNP.
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