Yuyarccuni : revista Interdisciplinaria de Estudios Históricos. Año 2, número 2 (2018)

Yuyarccuni Año II N° 2 Maria Valdivia 340 Zoila Aurora Cáceres no aparecía con frecuencia, sino como una nota, algún párrafo o más vinculada a su trayectoria como mecenas o crítica artística. En realidad, Aurora Cáceres no fue un sujeto coherente, más bien, era burguesa rica, conservadora, a veces progresista, otras, reaccionaria. Tengo la impresión que los historiadores siempre queremos hallar sujetos o movimientos que de cierta manera nos proyecten a nosotros mismos como seres nobles, este es en general un acto inconsciente. Las personas corren el riesgo de ser identificadas con sus sujetos de estudio. Una biografía de Hitler puede situar a un investigador como sospechoso de nazi, es más factible explicar la Shoah que la colaboración de algunos judíos con el nazismo. Puede constituir un acto justo el deseo de reivindicar algo o alguien e inferir que esto derivará en una causa de nuestra simpatía, pero se corre el riesgo de la idealización del personaje o los procesos en que interviene. Hay varios tonos grises en la Historia. En el caso de la Historia de las Mujeres, el mujerismo es un peligro historiográfico. Es necesario evitar los anacronismos. Estudiar las luchas, está bien, pero creo que es más productivo entender cómo la ausencia o presencia de las mujeres sirvió para que una sociedad funcione de este y no de otro modo. Los Educio Rabines de la historia están esperando su investigador. Lo cierto es que Aurora Cáceres se reveló como una mujer política, que buscó el poder para encauzar su proyecto sobre el sufragio y la propuesta feminista desde una perspectiva conservadora y vanguardista al mismo tiempo. Es pragmática, más que doctrinaria. Expresa muy bien el significado de la acción política, el interés y la necesidad de tejer redes de simpatizantes, bases, articular con afines y opositores y utilizar el capital político heredado del padre y la madre. Finalmente, su propuesta no “prendió”, pero fue expresada años más tarde por las mujeres de clase media que formaron parte de la primera generación de parlamentarias. Me quedó muy claro que en el pasado existieron diversos tipos de feminismos, que no se apartaban, sino que dialogaban entre sí, algo difícil hoy en día. El feminismo ha sido entendido como un discurso exclusivo de la izquierda y ciertos sectores rechazan tratar varios tópicos de la agenda feminista porque lo asumen como partidario. En cierta forma es cierto, pero el asunto del feminismo es más plural y complejo. La teoría y práctica feminista nunca provino de un solo lado político, se produce en un contexto de crítica, pero cualquier gobierno progresista, no necesariamente de izquierda, puede asimilar sus propuestas o parte de ellas. El enfoque de Género es útil para comprender mejor su historia, hasta la Teología discute sobre género, como nos lo demuestra la catalana Teresa de Forcades.

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